lunes, 22 de abril de 2013

El Sudor

A veces se despierta empapada en sudor un sudor pringoso que huele en sus axilas un sudor como líquido amniótico goteando por su espalda envuelta, envuelta toda ella en miles de capas de pijamas y frases y proposiciones e incluso conceptos de la misma frazada que ha de ocultar su cuerpo.

A veces acerca sus pómulos a un sobaco, tanteando, una mueca (un gesto) una comprensión (quizá) un momento de reconocimiento (¿si?) de clarividencia de un puente (ese puente) que se tiende por encima y por debajo (ese puente que cruza incluso alambradas) un puente también un acueducto (y agua) como mocos muy sueltos que salen desde su axila hasta los pómulos duros (cuadrados) de su cara (cuadrada ¿redonda?) que ahora recorre el aire, que mira los techos mientras se sienta erguida
y fuma un mentolado
y fuma un mentolado
y fuma un mentolado erguida
su cara (cuadrada) que ahora no mira
pero ve (¿más allá?)
eso que llaman imaginación y quizá es el humo porque ella es desnuda (un instante)
y ve (¿más allá?) un árbol
(de verdad, un árbol)
o el olor de un árbol (manzanas) o ciruelas o quizá las flores del almendro que van (allí) que se agitan y una hojita que cae sobre la cabeza desnuda de un hombre (él) que, recuerda, fue alguien (algo) una persona (¿un concepto?) quizá un sobresueldo de posibilidades una imagen de la existencia más allá de las capas y los lugares e incluso de los propios árboles bajo los que él se sentaba para leer las manos.
Él, dice ella
(fumando un mentolado)
y piensa, él (quizá él) todavía esté allí y todavía no se mueva y todavía no sepa que tiene que moverse (o ella dice que el movimiento es necesario, pero su movimiento) y todavía no sepa que las manos no leen nada más que las manos
que las huellas dactilares son indescifrables como dijo de las mías cuando me invitó a su árbol y me tomó un dedo meñique (uno, yo creí que los dos) y susurró que quizá sería bueno que dejase de morderme las uñas (cosa que no hacía como le dije).
Él (¿él?) quizá esté todavía allí, esperando, pero a qué espera (piensa)
y apaga el mentolado
(ya no hay humo)
a qué espera
(¿espera algo?)
¿tan lejos?
¿tan lejos que ya ni siquiera el puente es acueducto?
(¿tan lejos?)

A veces ella se ducha muy rápido, a veces muy lento, observando el sudor que cae como estalactita hacia el desagüe. A veces el timbre suena por la noche y ella abre las piernas a lo desconocido (un instante) que escuece (aunque no llora) entre dos botellas de vino seco y enseguida empuja lejos y enseguida cierra su puerta con llave.

A veces mira la cama mirando el techo y piensa en él y enciende un mentolado a ver qué pasa a ver qué espera el humo a ver qué puede esperar él (tan lejos) aunque en el fondo no entiende (quizá no puede) que él no espera o que si espera sólo espera la lluvia debajo del árbol,
esa lluvia fina
(que empapa)
esa lluvia fina
(que empape)

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